17 Conclusiones

La realidad histórica es que la presencia hispana en el actual estado de Oregón, así como en los demás territorios de la costa del noroeste de los Estados Unidos, tuvo en un primer momento un carácter básicamente de exploración y descubrimiento, para adquirir después, con el conocimiento de la presencia de otras potencias en la zona, una índole o naturaleza diplomática, comercial y de guarnición o defensa.

En cuanto a las relaciones con los nativos, estas generalmente no fueron de dominio ni de carácter violento. Así, en la expedición de 1774 de Juan Pérez Hernández, las instrucciones bajo las que se debían llevar a cabo las relaciones con los naturales que se encontrasen a lo largo de la navegación y exploración de las costas eran claras al respecto; dichas instrucciones, dadas por el virrey Bucareli, tendrían una influencia decisiva en las siguientes expediciones de ese siglo, estableciéndose en ellas que “nada se tomará a los indios contra su voluntad, si no fuere por rescate, o dándolo ellos de amistad; a todos se debe tratar con agrado y con dulzura, que son los medios más poderosos para atraerlos y dejar arraigada la estimación”,[1] y recogiendo asimismo que:

“por ningún pretexto se deberá hostilizarlos, ni tomar tierra por fuerza; pues cuando en algún paraje se le dificulte podrá practicarlo en sus inmediaciones, contemplando que su principal encargo se reduce al reconocimiento de la costa en toda la altura que pueda navegar, saber si hay en ella establecimiento extranjero, y traer una noticia de las dificultades, o proporciones, para mejor examen de los conocimientos que adquiera”.[2]

Además, como apuntó la profesora, investigadora, académica y experta en el periodo hispánico Enriqueta Vila, en conversaciones mantenidas con la prensa sobre la figura de fray Junípero de la Serra con motivo de la eliminación de su nombre en el campus de la Universidad de Stanford en el 2018,[3] durante la presencia española la población nativa de la costa oeste se mantuvo en niveles estables, e incluso pudieron salvaguardar la mayoría de sus costumbres, y fue la fiebre del oro de la segunda mitad del siglo XIX y la llegada de miles de inmigrantes desde el este, mineros estadounidenses en su mayoría, la causa que dio lugar a lo que algunos han calificado como “hecatombe demográfica”.

Así, el proceso que desembocó en la destrucción de los pueblos nativos del territorio oeste de los Estados Unidos, y la desaparición de sus antiguas costumbres, comenzó tras los primeros contactos con los navegantes hispanos y se fue acelerando de manera progresiva a lo largo de los siguientes siglos hasta causar estragos en su población, fundamentalmente como consecuencia de la llegada de los estadounidenses que se desplazaron hasta allí buscando el oro. Y es que no debemos olvidar que reivindicar una parte de la historia nunca debe hacerse a costa de ocultar desastres, infortunios y tinieblas, pero tampoco podemos dejar de recordar que la presencia hispana en esa región se caracterizó esencialmente por su inicial afán exploratorio (siglos XVI y XVII) y por su posterior labor ilustrada (siglo XVIII) en cuanto al estudio y la descripción de los territorios, los pueblos y las culturas que los navegantes y exploradores hispanos tuvieron la oportunidad de conocer durante sus viajes a lo largo de la costa oeste.


  1. MECD, AGI, Estado 20, N.5, Instrucciones número XX y XXX.
  2. Ibídem.
  3. https://www.abc.es/cultura/abci-verdad-fray-junipero-serra-historia-desmonta-mentiras-sobre-fraile-201809230041_noticia.html.

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Los orígenes hispanos de Oregón Copyright © 2022 por Olga Gutiérrez Rodríguez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional, excepto cuando se especifiquen otros términos.

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