14 Últimas expediciones

EXPEDICIÓN DE JACINTO CAAMAÑO

Volvamos a las expediciones realizadas a finales del siglo XVIII, ya que ese mismo año de 1792 Jacinto Caamaño, cuñado de Francisco de Eliza, que ya había participado en 1790 en una expedición a la costa noroeste del Pacífico, navegaría toda la costa sur del estrecho de Nutka, junto con los pilotos Juan Pantoja y Arriaga y Juan Martínez y Zayas, a bordo de la corbeta Nuestra Señora de Aránzazu, y realizaría un breve reconocimiento de la Entrada de Bucareli. Desde allí se dirigiría hacia el este, a las cercanías de la punta de San Bartolomé, a la punta de San Félix, al puerto de Santa Cruz, al puerto de los Dolores, al del Refugio y al de la Estrella, para regresar de nuevo al oeste hacia las costas septentrionales de las islas de la Reina Carlota. Y aunque para entonces gran parte de esa costa ya había sido explorada por navegantes de otras potencias, y ya habían tenido contactos con los naturales, aún fueron muchos los lugares que Caamaño descubrió y nombró en la zona, y que han sobrevivido hasta hoy en día como el paso de Caamaño y las islas Zayas. En esta expedición se realizaron estudios cartográficos y geográficos de gran precisión, y también dio lugar a un interesante Diario escrito por Caamaño en el que se recoge tanto su minucioso recorrido, como algunas noticias de los habitantes de la Entrada Bucareli, los tlinglit, entre las que anotó que las mujeres:

“se adornan con cinco argollones de hierro, cuatro estrechos que llevan en las muñecas, y en las proximidades de los tobillos, y uno acalabrotado de grande diámetro respecto al cuello en que lo colocan. También se cuelgan del septum de la nariz, que está horadado como las ternillas de las orejas, una media luna de cobre o nácar de las conchas de Monterrey, de que traen pedazos pendientes de aquellas. La molestia del peso de las argollas, ni el sacrificio de taladrarse la nariz y orejas, las dispensa del más feo de los aderezos a los ojos de un europeo”.[1]

También apuntó Caamaño en su Diario que tanto estas mujeres como las del puerto de Floridablanca y las de las cercanías del surgidero de San Roque, utilizaban la tableta en el labio.

NUEVA EXPEDICIÓN DE FRANCISCO DE ELIZA

En 1793 Eliza, a bordo de la goleta Activa, acompañado de la goleta Mexicana y el piloto Juan Martínez y Zayas, volvió a reconocer de nuevo la costa entre el estrecho de Juan de Fuca y la bahía de San Francisco. Ambas goletas partieron del puerto de San Blas, pero pronto se separaron, y mientras que Eliza se encontró con grandes dificultades, y tuvo que alejarse de la Mexicana, recalando en la costa por algo más de los 43 grados y bajando después a los puertos de la Trinidad (territorio de los yurok) y la Bodega (territorio de los miwoks costeros), Martínez Zayas sí que logró alcanzar la latitud deseada, el puerto de Núñez Gaona. Después atravesó el estrecho hasta el puerto de San Juan y desde allí comenzó a navegar hacia el sur por las costas de Washington y de Oregón, e incluso llegó a explorar la desembocadura del río Columbia (también conocido como Wimahl o Gran Río por los nativos  que habitaban en su curso bajo). Este viaje dio lugar a la elaboración de diversos mapas y de una carta esférica que representa la costa comprendida entre la punta de Tutasi meridional de la boca sur de Fuca, y el puerto de San Francisco.[2] Así, Eliza y Zayas fueron los últimos exploradores hispanos que levantaron mapas cartográficos de aquellos territorios de gran valor.[3]

Finalmente se celebraron varias conferencias más, hasta que en febrero de 1793 se firmó la Segunda Convención de Nutka, por la que se compensó a John Meares económicamente por el apresamiento de sus barcos en 1790 por Martínez, y el 11 de enero de 1794, ante las cuestiones que aún quedaban por resolver del Tratado de 1790, se firmó una Tercera Convención, en la que los gobiernos británico y español establecieron permitir el comercio de ambas naciones en la región, el abandono por parte de los españoles del presidio San Miguel y también que ninguna de las dos potencias construiría en adelante establecimientos de carácter permanente en dicha región.

Mientras, la guarnición de Nutka sufrió continuas bajas debido a las deserciones, las evacuaciones a la Nueva España, las enfermedades y el frío, y si en su momento de mayor población contó con algo más de setenta hombres, en 1793 sólo se encontraban allí cincuenta y nueve de la guarnición de Voluntarios de Cataluña, y esta fue relevada por veinte hombres de la Compañía Fija de San Blas, que permanecieron en el presidio hasta marzo de 1795. Un año antes, en 1794, se nombró a José Manuel de Álava como nuevo comisionado para el asunto de Nutka y Salvador Fidalgo le acompañaría hasta allí con la fragata Princesa, pero como los ingleses no llegaban se retiraron a invernar al puerto de Monterrey. Finalmente, en 1795 el comisionado inglés llegó al puerto de San Blas, desde donde viajó hasta Monterrey y después a Nutka para firmar los tratados acordados. Mientras ambos delegados regresaban al puerto de San Blas, el último comandante hispano de Nutka, Ramón Saavedra, empezaba a desmantelar los edificios españoles, con la finalidad de evitar que fuesen aprovechados por otros, y embarcaba su artillería y sus hombres para partir hacia el sur. Fueron relevados en junio de 1794 por una escuadra de diecinueve soldados, destacados de la Compañía Fija del puerto de San Blas, bajo el mando del sargento segundo Francisco Virueta. El servicio de los diecinueve hombres de esta Compañía en Nutka terminó definitivamente el 23 de marzo de 1795 cuando regresaron a la Nueva España y dejaron aquella bahía a sus dueños originarios, el jefe Macuina y sus gentes, poniendo así fin a la presencia hispana en la región.

LA COMPAÑÍA FIJA DEL PUERTO DE SAN BLAS

Sobre la Compañía Fija del puerto de San Blas, a la que pertenecían los últimos hombres que permanecieron en Nutka, hemos de recordar que autoridades hispanas habían entendido ya desde 1768, año de su fundación, la importancia del puerto de San Blas como punto estratégico tanto para impulsar las expediciones y el comercio en el noroeste de la Nueva España, e incluso con Asia, como para la protección de las costas del virreinato y el freno de las expediciones piratas. Pero debido a la continua falta de personal, provocada fundamentalmente por las dificultades del territorio, con unas condiciones climáticas muy adversas, y también por la activa participación de sus soldados en todo lo relativo a la colonización y defensa de las Californias y a las navegaciones de expedición hacia el noroeste del continente, en 1787, bajo el mandato del virrey Manuel Antonio Flores, se formó la Compañía Fija del puerto de San Blas. Inicialmente esta Compañía estaba compuesta por setenta y seis hombres que reforzarían el departamento naval de San Blas en cuanto a su guarnición (treinta soldados), las misiones de colonización y los viajes de exploración hacia el norte. En el Reglamento de la Compañía Fija se expresaba ya la escasez de españoles para formarla y se establecía que estaría compuesta por gente voluntaria habituada a aquel clima, es más, se hacía hincapié en dicho Reglamento en que “la gente que sirva en esta Compañía sea de la misma costa, porque conocen bien su terreno y están connaturalizados a sus nocivos temperamentos”,[4] por lo que se admitieron “indistintamente españoles, mestizos y pardos”.[5] En 1792 el virrey Revillagigedo expresaba la necesidad de aumentar los hombres de la dicha Compañía hasta en diez. En febrero de 1797, cuando ya habían regresado los últimos hombres que permanecían en Nutka pertenecientes a esta Compañía, el comandante del departamento naval de San Blas, Francisco de Eliza, pasó revista a la Compañía de Infantería Veterana y Fija de San Blas, anotando que de su legítima dotación, que era de ciento cinco soldados, ochenta y seis plazas ocupaban sus puestos, y que de ellos dos eran soldados de España la Vieja (uno de Castilla la Nueva y uno de Andalucía), mientras que los ochenta y cuatro restantes eran de España la Nueva, es decir, de la Nueva España.[6]

ÚLTIMO VIAJE A NUTKA

Pero volvamos a Nutka, aunque el fuerte San Miguel se desmanteló y los últimos soldados hispanos abandonaron el territorio, como nos indica la historiadora y archivista Alicia Paz Herreros Cepeda en su artículo titulado Breve introducción a la presencia española en el Noroeste de América,[7] el entonces virrey de la Nueva España, Miguel de la Grúa Talamanca, marqués de Branciforte, ordenó que cada seis meses se efectuara un viaje desde México a Nutka con el objeto no sólo de mantener la presencia hispana en la zona, sino de dejar claro tanto a los rusos como a los británicos que las Convenciones de Nutka no suponían una renuncia total de la Monarquía hispánica en cuanto a sus intereses en la región. Pero la realidad de los recursos disponibles y de las circunstancias se impuso, y tan solo se llegó a efectuar uno de aquellos viajes, más simbólico y testimonial que práctico, en 1796, y tras él ya no hubo ninguna actividad en las costas situadas al norte de California.

NOTA DE LA AUTORA SOBRE EXPEDICIONES IMAGINARIAS O APÓCRIFAS

Sobre las expediciones imaginarias o viajes apócrifos del capitán Lorenzo Ferrer Maldonado (1588), de Juan de Fuca (1592) y del almirante Bartolomé Fonte (1640) y sus búsquedas del Paso del Noroeste, solamente decir que, aunque durante mucho tiempo se les dio bastante importancia, han sido varios los oficiales de la marina y los estudiosos que han llevado a cabo indagaciones e investigaciones sobre ellos para poder confirmar que las tres expediciones fueron más bien imaginarias y engañosas, que respondían fundamentalmente a intereses particulares y no eran sino fruto de enredos y fábulas basadas en noticias confusas, fechas poco concretas e inexactitudes geográficas. Nosotros, en esta aproximación histórica nos hemos limitado a estudiar los viajes que se encuentran bien documentados, y al no haber encontrado ningún rastro de estas tres expediciones en la documentación consultada, y nunca haberse establecido realmente su veracidad, no las hemos considerado de interés en nuestro estudio. No obstante, no queremos dejar de señalar que las referencias que de estos viajes aparecen en la cartografía española se deben fundamentalmente a que dichas expediciones sí que fueron recogidas en los mapas de los franceses, además de en los de los ingleses y los rusos. Y es que, cuando el jesuita Marcos Burriel revisó en 1750 los mapas del también jesuita Miguel Venegas, tuvo que insertar información geográfica de carácter más reciente. Así, aunque el propio Burriel catalogó dichos viajes como absurdos, su grabador, Manuel Rodríguez, se vio en la obligación de hacer referencia a ellos en el Mapa de la América Septentrional publicado en 1754, por estar éstos plasmados en los mapas elaborados por los geógrafos y cartógrafos extranjeros (como los de los franceses Guillaume Delisle y Philippe Buache).

FIGURA 13. Mapa de la América Septentrional, Asia oriental y Mar del sur, intermedio formado sobre las Memorias más recientes y exactas, hasta el año de 1754. Publicado en 1756 en la Noticia de la California y de su conquista temporal y espiritual hasta el tiempo presente (…), tomo 1, obra del jesuita Miguel Venegas.[8]

También nos gustaría incidir en la imposibilidad de recoger en este estudio todos los nombres de aquellas personas que participaron, de una u otra manera, en los viajes realizados por la costa noroeste del continente americano, así como los de la mayoría de los accidentes geográficos que observaron y nombraron, los lugares en los que desembarcaron, los pueblos nativos que observaron o con los que tuvieron algún tipo de contacto y la totalidad de los sucesos acontecidos durante dichos viajes. Y es que para poder hacer un acopio de toda esa información sería necesario, además de muchísimos más medios y tiempo de estudio e investigación, la publicación de un libro de mayor envergadura, excesivamente más voluminoso, que este estudio, que básicamente trata de ser un acercamiento o una aproximación, fundamentalmente mediante partes o extractos de textos históricos, a algunos de los hechos que sucedieron a lo largo de varios siglos, desde los primeros descubrimientos en las costas californianas y la continua búsqueda del Paso del Noroeste, hasta que el Pacífico dejó de ser un espacio bajo el dominio de la Monarquía hispana para convertirse en un escenario más cosmopolita.


  1. El original de este Diario se encuentra en el Archivo General de la Nación de México y en CODOIN, 1849-95, volumen 15, páginas 323-63.
  2. MECD, AHN, Estado MPD, 32 a 36.
  3. Sus Diarios se encuentran en el Archivo General de la Marina "Don Álvaro de Bazán", AGM, Histórico, legajo 4827, oficiales de guerra, legajo 620/355 expediente de Eliza; y Pilotos, legajo 3389/30, expediente de Martínez y Zayas.
  4. MECD, AGS, SGU, Legajo 7035, 18.
  5. Ibídem.
  6. MECD, AGS, SGU, Legajo 7030, 11.
  7. Herreros Cepeda, Alicia. Breve introducción a la presencia española en el Noroeste de América, en las actas, ponencias y comunicaciones presentadas en el Congreso El Ejército y la Armada en el Noroeste de América: Nootka y su tiempo, Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, 2011.
  8. John Carter Brown, Biblioteca de Brown University. Accession Number 01559.

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Excepto cuando se especifiquen otros términos, Los orígenes hispanos de Oregón por Olga Gutiérrez Rodríguez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

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